4 de febrero de 2012

Ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe.
A. Pizarnik

Te busco para ver si sigue existiendo la magia. Para descubrir una caricia en la punta misma del cielo cuando tus manos tocan el violín y la vida empieza cada mañana.
Te miro para ordenar los sentimientos por colores, como esos calcetines que cuelgan de la soga como reos culpables al sol.
A veces me intriga como es eso de arrojar notas al aire. Presumo que la lluvia ,cada tanto, borrará las pasiones de todos los violines del universo (al igual que una papelera de reciclaje) para volver a poblar el cielo de lágrimas o emociones.
Sé que tus manos son dos razones más que suficientes para volver a creer en Dios. Y mientras el mundo discute las guerras yo cierro los ojos para escucharte. Me pregunto a quien de los dos construyó el Luthier, si con sus manos hizo tus ojos o con sus ojos imaginó las curvas del instrumento. De los arcos que poblaron el mundo hubo uno que rompió tu corazón, la misma noche que arrojaste tu alma en aquel cuerpo de madera.
Me duermo en el intervalo en que afinas tu violín…sueño con un otoño lento desprendiéndose de lo innecesario y mientras cierro los ojos escucho frotar las cuerdas y agradezco. Agradezco que exista una niña, que con su violin, haga temblar a las flores.

El viento las despeina. Ella las hace temblar.

20 de enero de 2012

(…) cuando mi abuelo ya se había ido de este mundo y yo era un hombre hecho, llegué a comprender que la abuela, también ella, creía en los sueños. Otra cosa no podría significar que, estando sentada una noche ante la puerta de su pobre casa, donde entonces vivía sola, mirando las estrellas mayores y menores de encima de su cabeza, hubiese dicho estas palabras: «El mundo es tan bonito y yo tengo tanta pena de morir». No dijo miedo de morir, dijo pena de morir (…)

José Saramago



Me volví apresurada después de usted, entonces voy y vengo, vengo y voy, no me quedo quieta y busco mi espacio. Aunque sea dentro de casa o de mi misma, pero camino, cambio de rumbo o de estrategia, de calzado o de arterias.
Será porque no dejo de recordarla…
Me volví creyente después de sus ojos, ya no necesito mirar al cielo para creer en los ángeles hechos de nubes, como mis horas deshechas el día que la perdí. Al rato me miro al espejo como si fuera un mal entendido y por enésima vez pienso que no soy, entonces me acerco y con la mitad de mi misma toco el otro lado del espejo. Me veo tan velada pero a punto de romper el cristal usted aparece, y ahí sí, confirmo que se trata de mí. Eso no es bueno pero respiro, no es que ya no lo haga, respirar significa una especie de asombro incrustado en mi boca a modo de círculo cerrado, y aunque se que está muy mal reconocerme así, lo hago a partir de su imagen
Tomo una mujer por la espalda y la giro mientras pienso que es usted. Quisiera encontrarla como esas casualidades a la vuelta de una esquina. Es que está metida en mí al igual que esos barquitos artesanales dentro de las botellas. Eso me figuré, todo su cuerpo metido en un frasco de perfume y yo apretando el pulverizador para salvarla , entonces aparece un brazo, después otro, y ya con sus brazos afuera poder abrazarla y olerla, olerla y abrazarla, y cerrar los ojos para volver a olerla sin dejar de abrazarla. Y saber que esté donde esté yo soy su nieta, un pedazo de sus manos, algo parecida y distinta, y que la extraño, unos días mas y otros menos, pero siempre la extraño. Ojalá pudiera ver lo que hice de mí en este tiempo que no estuvo. Grandes logros y no tanto, macanas y cosas por las cuales se sentiría orgullosa. Y de la Rosa de los vientos como su nombre de flor, me queda el aroma y el espacio, su sonrisa y su mirada…su mano apretada, sus pecas esparcidas, sus ojos casi siempre verdes, y de nuevo su nieta que cada tanto aparece para recordarle, mi querida abuela, que tengo algo suyo que viaja por mi sangre, como un tren de carga y de paseo, como esos barcos pesqueros que arrojan sus redes al mar…



Y de aquellos versos de Lorca que usted recitaba, me queda su voz

...como el rumor de los caracoles de playa.



3 de enero de 2012

"La carga de este mundo es demasiado grande para que la soporte un solo hombre y el dolor del mundo es demasiado para que lo sufra un solo corazón"

Oscar Wilde

Le gusta recortar imágenes, contornos de historias que comienzan y a través de una lente, fraccionar al mundo como a un rompecabezas. Le gusta mirar las estrellas y apuesta a que un día podrá decir sus nombres sin equivocarse. Ella sabe que el cielo es su tierra invertida y que una noche rescatará pedazos de su historia. Su mirada es suave y cristalina como el fondo de un frasco con miel. Está hecha de llanto, de puños que apretaron sus venas hasta decolorarlas, y aún así, sacó un crayón de su manga para volver a pintarse de rojo…
Supo que nada es para siempre, que a veces es mejor no decir tanto y que cuando el miedo es un mar infinito hay que empezar a nadar.
Han sobrado habitaciones en sus ojos, ha construido trincheras, y en medio de la lluvia aprendió a caminar las tormentas.
A su conocimiento le agregó belleza, a su belleza corazón, a su corazón entereza, a su entereza constancia.

y aprendió a reir, a jugar, a volar…
a pesar de las paredes que la separan del viento, de los papeles amontonados, de las horas en exceso de trabajo…


Y yo la miro, sabiendo que bajo sus brazos se podría descansar como a la sombra de un árbol de almendras…

9 de diciembre de 2011

Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo.

Pablo Neruda


Cubrirme de gloria mientras acomodo el corazón en algún costado de mi misma. Quedarme parada en el centro del mundo mientras grito que quiero marchar hacia alguna parte que no me necesiten
Solo cerraré los ojos para ubicarme en el sitio que sueño aunque eso represente ser feliz a medias.
Yo no tengo lo que dije que tendría para conquistarte, tal vez ya lo sepas y no hagan falta excusas, pero quiero que entiendas que no puedo salir corriendo como quisiera. Sé que llegará el invierno antes que las flores, que la música se oirá de fondo, que las mentiras serán más razonables con los años y que si me vendo los ojos será para redescubrir la vida sin acostumbrarme.
Mientras tanto inventaré una cuerda para hacer rodar tu corazón, estiraré la mano, lo más que pueda, pero no me pidas que acorte el tiempo y la distancia. Traigo desde hace años un dolor profundo, una huella insalvable y una hoja de ruta. Estoy hecha de la lluvia que empapó mis ganas de mirarte cuando aún no se podía. Y acá estamos, cubiertos de pobladores y lobos hambrientos, hechos de migajas y deshechos, con esto que hice de mí, con este tiempo mezquino que dedico, porque entre lo que debo y pretendo nunca encontré el equilibrio.
Y ya no se que cosas son del todo ciertas. A veces quisiera evitar los compromisos, solo digo amanecer sin relojes, arrojando las ganas al mar muerto, como el día que perdí la esperanza y ya no pude seguir. Solo que esta vez sin lamentos.


Y la magia será dejar de razonar para sentir todo de golpe.

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11 de noviembre de 2011

Porque de pronto sobran los barcos, los andenes
y de pronto este rumbo ya no tiene sentido.
Amor, me quedo sin decir tu nombre…

Armando Tejada Gómez


Entonces pensó...
Tal vez si no hubiese ocurrido no nos hubiéramos perdido. Se que pasará tiempo. Que el tiempo es un viento que arrasa y erosiona. Que no volveremos a vernos y que el día que lo hagamos ya no seremos los mismos.

Pensó en eso continuamente, en el día que todo cambió. Se preguntó si valió la pena o existía otra opción. Era algo que sólo podía suceder de esa forma, era esa clase de amor que late 1000 veces por minuto, como el corazón de un canario o un colibrí. Sin embargo había nacido para morir, porque las pasiones, como las abejas, no sobreviven después del aguijón. Y la felicidad es tan frágil que a veces hay que apartarse para no destrozarla.
El escaso tiempo no hizo que fuera pasajero, las medidas del amor se miden por metros de profundidad y no por días o minutos. Y ella le provocó un pozo, como esas torres de petróleo que son el punto de partida de tantos derivados.
Y ahora pretenden olvidarse, como si eso de borrón y cuenta nueva les permitiera esfumarse como por arte de magia. Creo que los grandes amores están destinados al fracaso.
Por cierto motivo, que ignoro, presiento que pase lo que pase ellos seguirán unidos. Por una luna o un río, por un silencio o una explosión, pero seguirán uno dentro del otro como esos cubos encastrados. Y la distancia, no será más que una palabra y mucha saliva tragada, porque los nudos de garganta no se desatan con apartarse.
Ellos necesitan llorar para seguir riendo. Sólo que a veces prefieren despertar en otro mundo.


O tal vez prefieren rendirse, 

 antes que extrañarse.