"Conmigo no tienes que fingir. No tienes que decir nada. Si me necesitas, silba. Sabes silbar, ¿no? Sólo tienes que juntar los labios y soplar. Acudiré a tu llamada. Conmigo no tienes que actuar. No tienes que decir nada, ni tampoco hacer nada. Nada en absoluto, o quizá sólo silbar..."
Federico Moccia
La tierra gira a la velocidad en que tu mano envuelve la mía y la temperatura del mundo es el roce de tus dedos con mi piel.
Te preguntarás por el resto, yo prefiero ajustarme a tus brazos y pensar en lo breve del milagro.
Qué es la vida sino un eterno truco de magia en el cual decidimos caer. Y yo decidí caer… al tiempo en que las paredes se van abriendo a tus ojos.
Sigue tu nombre en mi garganta y te nombro y te sigo, y tu cara se vuelve para concederme una sonrisa.
Hace muchos años que compartimos este lado infinito del universo, mientras seguimos a los pies de esta vida sin perder el rastro.
Para esos días en que no nos soportamos, en que los espacios se achican, las miradas se endurecen, las palabras se afirman, la paciencia se agota…para esos días en que discutimos porque sólo queda discutir, no te olvides que la tierra gira a la velocidad en que tu mano envuelve la mía.
¿Y qué es el amor sino un gigante otoño que se va desprendiendo de lo innecesario?
6 de febrero de 2011
25 de enero de 2011
Ahora sé
que estas calles nos han hecho solitarios
y nuestro corazón
tiene el pulso amarillo
de las maderas lentas de un tranvía.
Luis García Montero
Apiló un esfuerzo grande cómo una torre de alfajores de maicena.
Se trepó, la miró con ojos de plata y aumentó el artilugio para convencerla que no la extrañaba.
No fue fácil mentir, en realidad se volvíó un gris extremo y ningún color volvió a ser discutido. Mucho menos el tono azul de sus ojos que pasó a tener otro estado de ánimo.
Fue absurdo contarlo y que le crea, pero fue cierto. Se lo juró por el cuento de los conejitos, el mismo que lo hizo llorar en la parte que atrapaban a la mamá coneja. Resulta que al final estaba viva. Con esas cosas no se juega -pensó- y menos inventar esas historias para chicos. Igual se lo juró por su infancia, por toda la cría y hasta por el lago de los cisnes.
Sintió que no estaba bien que se fuera pero mucho menos retenerla, por eso la dejó partir, aunque el peso cayera de su lado y la verdad estuviera desierta. Partir no es alejarse -sintió- sino cortar el mundo en dos.Mientras de un lado se vive del otro se aprende a sobrevivir.
El está del lado de los que respiran mientras el tiempo lo ayuda a olvidar.
Ella...quien sabe.
La moneda sigue girando mientras el viento la deja caer.
que estas calles nos han hecho solitarios
y nuestro corazón
tiene el pulso amarillo
de las maderas lentas de un tranvía.
Luis García Montero
Apiló un esfuerzo grande cómo una torre de alfajores de maicena.
Se trepó, la miró con ojos de plata y aumentó el artilugio para convencerla que no la extrañaba.
No fue fácil mentir, en realidad se volvíó un gris extremo y ningún color volvió a ser discutido. Mucho menos el tono azul de sus ojos que pasó a tener otro estado de ánimo.
Fue absurdo contarlo y que le crea, pero fue cierto. Se lo juró por el cuento de los conejitos, el mismo que lo hizo llorar en la parte que atrapaban a la mamá coneja. Resulta que al final estaba viva. Con esas cosas no se juega -pensó- y menos inventar esas historias para chicos. Igual se lo juró por su infancia, por toda la cría y hasta por el lago de los cisnes.
Sintió que no estaba bien que se fuera pero mucho menos retenerla, por eso la dejó partir, aunque el peso cayera de su lado y la verdad estuviera desierta. Partir no es alejarse -sintió- sino cortar el mundo en dos.Mientras de un lado se vive del otro se aprende a sobrevivir.
El está del lado de los que respiran mientras el tiempo lo ayuda a olvidar.
Ella...quien sabe.
La moneda sigue girando mientras el viento la deja caer.
7 de enero de 2011
Ella quiso que él fuera un sujeto que no estuviera sujeto a nada. Por eso una tarde le dejó una carta sobre la mesa y se marchó. Ël no supo entenderla hasta pasado un tiempo.
La carta comenzaba así:
“No soy ese escondite donde se guardan todas tus miserias, entiendo de penas pero no conservo la magia de hacerte reír aún con los ojos agrietados...de llorarte. Me duele haberme apartado, no sé que fue o tal vez sucedieron tantas cosas que ya no vale enumerar. No quiero estar mientras los pájaros me informan que hay otro cielo, tampoco puedo cargar tu cuerpo casi muerto de ilusiones ni tus ganas de enfrentar al mundo subido a unos zancos. Para no tocar el suelo -me dijiste- contaminado -agregaste- yo interpreté que era hermoso pero se necesita más que eso para vivir. Por ejemplo, apoyar de vez en cuando los zapatos en el asfalto. Es fácil cuando se tienen resueltas las necesidades básicas, pero me gustaría admirar tus propias iniciativas mientras escucho de tu boca que me relaje. Que me relaje sería una especie de bálsamo en donde yo descansaría de tantas responsabilidades, en cambio debo pensar por vos, por mí y por el resto que nos une.
No te juzgo, sólo que ya entendí que el poder y el control no son parte de una relación. Tampoco me da para tirarte un salvavidas detrás del otro evitando que aprendas a salvarte.
Me pregunto si en medio de tantos cabos sueltos algún día podrás atarte a la vida. Sin depender, ni agradecer más de la cuenta. Hay una luna en cada esquina esperando a que gires. Es la intención, la mirada puesta en el infinito, es la magia de saberse libre, si es que por libre entendemos nuestra propia manera de recorrer el mundo..."
La carta comenzaba así:
“No soy ese escondite donde se guardan todas tus miserias, entiendo de penas pero no conservo la magia de hacerte reír aún con los ojos agrietados...de llorarte. Me duele haberme apartado, no sé que fue o tal vez sucedieron tantas cosas que ya no vale enumerar. No quiero estar mientras los pájaros me informan que hay otro cielo, tampoco puedo cargar tu cuerpo casi muerto de ilusiones ni tus ganas de enfrentar al mundo subido a unos zancos. Para no tocar el suelo -me dijiste- contaminado -agregaste- yo interpreté que era hermoso pero se necesita más que eso para vivir. Por ejemplo, apoyar de vez en cuando los zapatos en el asfalto. Es fácil cuando se tienen resueltas las necesidades básicas, pero me gustaría admirar tus propias iniciativas mientras escucho de tu boca que me relaje. Que me relaje sería una especie de bálsamo en donde yo descansaría de tantas responsabilidades, en cambio debo pensar por vos, por mí y por el resto que nos une.
No te juzgo, sólo que ya entendí que el poder y el control no son parte de una relación. Tampoco me da para tirarte un salvavidas detrás del otro evitando que aprendas a salvarte.
Me pregunto si en medio de tantos cabos sueltos algún día podrás atarte a la vida. Sin depender, ni agradecer más de la cuenta. Hay una luna en cada esquina esperando a que gires. Es la intención, la mirada puesta en el infinito, es la magia de saberse libre, si es que por libre entendemos nuestra propia manera de recorrer el mundo..."
23 de diciembre de 2010
Me gustaría despedir el año con un mensaje fuera de la ficción.
A todos los que me acompañaron brindándome su cariño, sus palabras, su compañía, su interpretación de los textos…a los que me hicieron sonreír, emocionarme, reflexionar…a los que pasaron en silencio y a todos los que supieron ensanchar mi corazón a través de esta página.
Para todos ustedes mis mayores deseos de felicidad.
Más allá de la actividad de cada uno, de la situación sentimental, de la elección sexual, de los problemas, la rutina, más allá de todo lo que puede encerrar cada una de nuestras vidas, me alegra y agradezco que exista este espacio en donde podamos creer en un mundo mejor. Mientras perduren los sueños, sigamos apostando al amor, a las palabras, a la sensibilidad …mientras exista esa burbuja de oxígeno en medio de tanta locura acá estaré esperándolos para oírlos, abrazarlos, agradecerles, respetarlos y desearles, desde lo más profundo de mi corazón que puedan sentirse libres, plenos y felices.
FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO NUEVO!
EUGE
(para los amigos…que son todos ustedes)
4 de diciembre de 2010
"El dolor, claro -dijo compresivo-. El dolor... Disculpe si hurgo en cosas demasiado personales, pero sus fotografías no muestran mucho dolor. Reflejan el dolor ajeno, quiero decir; pero no advierto rastros del propio... ¿Cuándo dejó de dolerle lo que veía?."
El pintor de batallas -Arturo Pérez Reverte-
Cuando los lugares ajustan, las sillas no sientan, el aire se atasca y el espacio disminuye.
Cuando la mirada no percibe, los pasos no caminan y el conejo no hace magia.
Cuando la mañana oscurece, la noche amanece y la tarde se estira.
El libro se cierra, las esquinas no giran, los semáforos no brillan y el final se anticipa
Cuando la ciudad se opaca, las calles no transitan, los carteles no iluminan y las flores no perfuman.
Esos días,
Cierro los ojos
Y pienso en mi abuela.
En sus ojos verdes mansos como esmeraldas gastadas
En sus pecas chapoteadas, como peces por su piel
En sus manos arrugadas,
En su voz diciéndome “chiquita” como si siempre lo fuera…
En sus labios finitos de hormigas coloradas,
En su cabello ondeado como toboganes recién hechos
Y entonces ahí vuelvo a creer
En las sillas
En el aire
En el espacio
En las salidas
En la noche
En la tarde
En la mañana
En los libros
En las esquinas
En los semáforos
En las calles
En la ciudad
En las voces
Y de esos ojos verdes,
me robo su esperanza.
El pintor de batallas -Arturo Pérez Reverte-
Cuando los lugares ajustan, las sillas no sientan, el aire se atasca y el espacio disminuye.
Cuando la mirada no percibe, los pasos no caminan y el conejo no hace magia.
Cuando la mañana oscurece, la noche amanece y la tarde se estira.
El libro se cierra, las esquinas no giran, los semáforos no brillan y el final se anticipa
Cuando la ciudad se opaca, las calles no transitan, los carteles no iluminan y las flores no perfuman.
Esos días,
Cierro los ojos
Y pienso en mi abuela.
En sus ojos verdes mansos como esmeraldas gastadas
En sus pecas chapoteadas, como peces por su piel
En sus manos arrugadas,
En su voz diciéndome “chiquita” como si siempre lo fuera…
En sus labios finitos de hormigas coloradas,
En su cabello ondeado como toboganes recién hechos
Y entonces ahí vuelvo a creer
En las sillas
En el aire
En el espacio
En las salidas
En la noche
En la tarde
En la mañana
En los libros
En las esquinas
En los semáforos
En las calles
En la ciudad
En las voces
Y de esos ojos verdes,
me robo su esperanza.
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